Nebuloso Espejismo

Después de todo he decidido perder la iniciativa. He decidido que ya no quiero ser yo quien te busque. Mi esfuerzo no valió la pena, así que dejaré de esforzarme.

Por mucho tiempo fui yo quien se dirigió a ti y dijo “soy tu amigo, y aquí estoy”. Deseaba, y me atrevo a decir que tenía fe, en que tú hicieras lo mismo. Pero nunca pasó. No éramos tú y yo. Era yo únicamente, hablando con las paredes, conversando con mi reflejo distorsionado.

Insistí e insistí, luché y seguí adelante, a pesar de que la vida y el tiempo daban por terminado nuestro trayecto juntos. Me esforcé y me opuse a rendirme, pero no logré nada.

Me declaro vencido. He perdido; me rindo.

Ya no pelearé, ya no insistiré. Ya no te buscaré, amigo mío, porque no ha servido de nada. Solamente alimenté mi engaño, solamente enaltecí aquel nebuloso espejismo, aquella falsedad.

He decidido perder la iniciativa. Creo que la única opción que me resta ahora es simplemente apartarme de tu camino, alejarme de tu vista. Acercarme a pesar de todo fue mi primera opción, pero ha fallado y sólo me resta probar mi suerte en la otra dirección. Ya no quiero más de lo mismo, más palabras acuosas y traslúcidas que se disuelven en el vacío. Más promesas y más leyendas.

Mi estancia ha dejado de ser grata, y se ha vuelto una lenta muerte. Es por eso que me alejaré y me ocultaré en mi refugio, en mi soledad.

Diría que me distanciaré y atrás de la montaña esperaré a tu llamado, pero eso sólo haría arder más mi dolor. No aguardaré.

No quedará en mí si en el futuro nos volvemos a encontrar. La persistencia o la muerte de lo que todavía me atrevo a llamar nuestra amistad queda ahora en tus manos. He decidido no esforzarme más, no hacer nada por ella. Lo he hecho por mucho tiempo, sin sentido.

Tal vez, dentro de cinco o diez años, nazca en tu interior alguna especie de deseo de saber de mí, o de buscarme. Y tal vez, fortuitamente, decidas seguir dicho impulso. Puede que entonces, y sólo entonces, vuelvas a mirar de frente este marchito rostro.

He decidido dejar de oponerme a la idea que me hayas sacado de tu vida, si es que alguna vez estuve en ella. He decidido dejar de luchar contra esa marea, dejar de aferrarme a algo que ya no existe, o que quizá nunca existió. He decidido aceptar mi expulsión. Estoy fuera. Ya no soy parte de ti, ahora lo sé y ya no me resistiré.

Sólo me queda hacerme a la idea de que todo fue una infame ilusión, una mala broma, un truco de la inmunda existencia, y bajar mis suelas a tierra firme para comenzar de nuevo el dibujo de mi sendero, sin mirar atrás. Ya no queda en mí. Queda en ti, y de ti dependerá que, sea ahora, mañana o nunca jamás, nuestros caminos se vuelvan a cruzar.

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