La Mantícora [5]

La Manticora

Capítulo Anterior: [4] SIGUIENDO EL ANHELO

Capítulo 5: Ansiando el Reencuentro

No sabía lo que le ocurría, era algo totalmente nuevo para sí. No dejaba de pensar en él, de revivir aquella música dentro de su cabeza. Cerraba los ojos y lo veía ahí, en la densidad del bosque. No podía olvidar la sensación que le produjo aquella profunda mirada, oculta en la oscuridad.

Había algo en ese hombre que le hacía sentir distinta, renovada. Pero también se sentía confundida. Todo esto le intrigaba, atrapaba su atención. Quería saber quién era ese misterioso sujeto de la sombra.

Habían pasado casi dos semanas desde aquel suceso. Casi no podía dormir, y cuando lo lograba, revivía en sus sueños aquel encuentro, ansiando volverlo a ver.

Ese día el sol golpeaba con fuerza. Las aves cantaban sin cesar y la gente recorría como siempre las anchas y brillantes calles del mercado. Ella había bajado al pueblo aquella mañana en busca de provisiones para la cena real. Caminaba entre la muchedumbre, distraída, con la mirada perdida. De pronto, se detuvo. Escuchó algo que atrapó su atención.

Afuera de una de las más conocidas tabernas del lugar se encontraban dos hombre, robustos y de largas barbas, conversando sobre algo que ellos llamaban “el guardián”, un forastero que se sabía vivía en lo más profundo del sagrado bosque vasco. Nadie conocía realmente su identidad, pero se contaban historias sobre sus grandes hazañas, protegiendo a la comarca de aquellas terribles criaturas.

Ella estaba realmente conmocionada. ¿Sería acaso que ese “guardián” fuese el mismo hombre que ella conoció aquella noche, su salvador? No pudo evitar acercarse ingenuamente a la conversación e interrumpirles: “¿Qué criaturas?”

Uno de ellos, el dueño de la tasca, le miró con sus profundos ojos verdes, la tomó del hombro y le preguntó: “¿No lo sabe acaso, señorita?” Al notar la cara de incertidumbre de la joven, comenzó:

“Ese lugar no es un bosque común y ordinario. Son tierras malditas. Allí viven criaturas temibles que matan y devoran. Pocos las han visto y han llegado a contar su historia.”

“Se cuenta que hace muchos años, cuando nuestra gente recién llegaba a estas tierras, esos horribles monstruos emergían de la frondosidad cada doce días, en busca de sangre. Secuestraban y asesinaban a nuestra gente, sin piedad. Varios meses pasaron hasta que, un día, un misterioso caballero, al que llamamos el guardián, arribó a nuestro pueblo después de un largo viaje desde el otro lado de las cordilleras.”

“Le prometió a nuestros líderes que se encargaría de la amenaza, y esa misma noche desapareció entre los robles. Desde aquel día, las criaturas dejaron de azotar a nuestra población.”

Entonces el otro hombre, más joven y rubio, continuó:

“A pesar de ello, quienes se adentran en el bosque, de noche, no corren con suerte. Es por ello que el extranjero, manteniendo su promesa, se refugia en la penumbra, en la boca del lobo, vigilando y protegiendo a quienes se pierden en el boscaje.”

“Esas temibles bestias siguen ahí, en lo más hondo de la espesura, merodeando, esperando a su presa. Adoran la carne humana, joven, y se alimentan de aquellos que se pierden en la inmensidad. Pero bueno, es sólo una leyenda.”

Y esas criaturas, ¿qué son?  Preguntó extasiada. Ambos le respondieron sin reserva y al mismo son: “Mantícoras”.

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2011 Derechos Reservados © Daniel Reynoso Gállego

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