La hora

Vaya situación tan excepcional, tan bizarra, cuando arribaron los veteranos, a quienes por supuesto nadie había visto en ya varios años, y, acercándose a mí con una indiscreta y audaz sonrisa lastimera, me introdujeron con su más fresca camarada, la virtuosa muerte, con singular arrebato. Un tremendo desasosiego heló mis consumidos huesos: no sabía si lo correcto era saludarle de beso o estrechar solamente su famélica mano.

Deja un comentario

Fill in your details below or click an icon to log in:

Logo de WordPress.com

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Cambiar )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Cambiar )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Cambiar )

Connecting to %s